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Napoleón y sus matemáticos notables

Napoleón mostró un gran interés en rodearse por los científicos más importantes de la época.

En una cena con Laplace y Lagrange les preguntó si conocían un libro que acababa de publicar el matemático Mascheroni, y en concreto de la forma de dividir una circunferencia en cuatro partes iguales. Ante la negativa de ambos matemáticos, Napoleón solicitó papel, lápiz y compás, y rápidamente desarrolló ambas demostraciones.

Estaba empeñado en la obligación de dar a la ciencia una nueva vida en el marco del nuevo régimen, la necesidad de dar a los científicos una nueva consideración y un nuevo lugar en la sociedad. Entre los matemáticos más notables que influyeron en la formación científica del emperador estuvieron Laplace, Fourier, Monge, Monge y Condorcet.

Gaspard Monge, conde de Peluse, fue el fundador de la geometría descriptiva, nació en Beaune (Côte d’Or) el 10 de mayo de 1746 y murió en París el 28 de julio de 1818. Estuvo en contacto por primera vez con los científicos más ilustres de la época, como Lavoisier, D’Alembert o Condorcet , y fue corresponsal de la Academia de Ciencias y profesor de Física de Secundaria. Sería nombrado Ministro de Marina por la Convención, a propuesta de Condorcet, y permaneció hasta el 10 de abril de 1793 profesor en la Escuela Normal y miembro del Instituto hasta el año V. Fue uno de los fundadores de la Escuela Politécnica donde también se convirtió en profesor. Revolucionó el diseño y construcción de fortificaciones gracias a los métodos geométricos desarrollados por él mismo. El Sistema Diédrico ideado por él consiste en el empleo de Planos de proyección y proyecciones cilíndricas.

Pierre-Simon Laplace nace en Beaumont-en-Auge, Normandía, el 23 de marzo de 1749, y falleció en París, el 5 de marzo de 1827. Fue un astrónomo, físico y matemático francés. Continuador de la mecánica newtoniana, como estadístico sentó las bases de la teoría analítica de la probabilidad; y como astrónomo planteó la teoría nebular sobre la formación del sistema solar. Compartió la doctrina filosófica del determinismo científico.

Por su parte, Jean Baptiste Joseph Fourier nació en Auxerre el 21 de marzo de 1768. A los 14 años había completado el estudio de los 6 volúmenes del Curso de Matemáticas de Bézout y a los 15 recibía el primer premio por su estudio de Bossut’s Méchanique en général. En 1794 estudió en la Escuela Normal de París, donde contó con profesores de la talla de Lagrange y Laplace y donde él mismo llegaría a dar clases. En 1795 ocupó una cátedra en la Escuela Politécnica de París y tres años más tarde acompañó a Napoleón en su expedición a Egipto. Allí fundó y fue secretario del Instituto de Matemáticas de El Cairo hasta en 1801. Uno de sus amigos fue Jean-François Champollion, quien descifró la escritura jeroglífica gracias a la Piedra de Rosetta.

Leer más:

https://www.huelvainformacion.es/opinion/tribuna/Napoleon-matematicos-notables-VII_0_1503449682.html

Fourier y el estudio profundo de la naturaleza

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Joseph Fourier (1768-1830) posee el apellido que más aparece en los artículos de investigación matemática publicados cada año.

Da nombre a un método (el de Fourier), a unos instrumentos (series, integrales y transformadas de Fourier) y a una disciplina (análisis de Fourier, también llamado Armónico) y pronunció la frase “el estudio profundo de la naturaleza es la mina más fértil de los descubrimientos matemáticos”, que es la favorita de los matemáticos aplicados.

Ahora se han cumplido 186 años de su muerte, que se produjo el 16 de mayo de 1830.

Estudió en la prestigiosa Ecole Normale de París, pese a que su familia era humilde, y fue nombrado consejero científico de la expedición egipcia de Napoleón. Pero su mayor logro fue contribuir a comprender la naturaleza del calor.

Creó un modelo que supuso un hito en el uso de las matemáticas para dominar la naturaleza y también dio lugar a un método con otras muchas aplicaciones.

Su modelo parte de dos observaciones sencillas sobre la propagación del calor:

1) La conductividad: el calor fluye de las partes calientes a las frías, y la relación es de proporcionalidad inversa. Si nos acercamos a la mitad de la distancia, recibiremos el doble de calor, siendo la constante de proporcionalidad (o conductividad térmica) susceptible de ser medida en el laboratorio.

2) El calor específico: es la cantidad de calor que necesita un gramo de una sustancia para elevar en un grado su temperatura.

Fourier estableció una ecuación, la ecuación del calor, que gobierna la evolución de la temperatura respecto a variaciones tanto espaciales como temporales. Es una ecuación diferencial que relaciona la derivada temporal de la temperatura (es decir, su velocidad de cambio) con sus derivadas espaciales de segundo orden (que son cantidades relacionadas con las propiedades de difusión y conductividad del calor).

Escribió un primer artículo sobre este asunto que sometió a la Academia Francesa de Ciencias en 1807, pero fue rechazado por los matemáticos Lagrange y Laplace, por una supuesta falta de rigor matemático.

Se basó en las técnicas que otros dos matemáticos, Daniel Bernoulli y Leonhard Euler, habían introducido en torno a otra ecuación famosa de las matemáticas, la de las ondas y, en particular, aquella que describe la vibración de las cuerdas de un instrumento musical. Bernoulli y Euler recurrieron a sumas de funciones trigonométricas que muchos siglos antes habían utilizado los matemáticos alejandrinos para analizar los movimientos celestes y cuyo estudio estaba sistematizado en el Almagesto de Claudio Ptolomeo.

Han tenido que pasar muchos años para que, a mediados del siglo XX, se dispusieran finalmente los instrumentos necesarios para darle la razón a Fourier.

Leer más:

http://elpais.com/elpais/2016/05/16/ciencia/1463393205_032883.html

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