• Logo Biblioteca de la Universidad de Sevilla
  • Páginas

  • Categorías

  • RSS GME RSS

    • Se ha producido un error; es probable que la fuente esté fuera de servicio. Vuelve a intentarlo más tarde.
  • Archivo de MATBUS

  • Comentarios recientes

    Mando a distancia te… en Nuevo curso, nuevo sitio del…
    AmongNosotros en Se inspira en el juego ‘Among…
    Jorge en Se inspira en el juego ‘Among…
  • Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

    Únete a 133 seguidores más

Las matemáticas detrás de los aviones aliados de la Segunda Guerra Mundial

Durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, los aviones que más bajas presentaban entre los aliados fueron los bombarderos, por su enorme tamaño, lentitud y trayectoria predecible.

Por ello, se pensó en robustecer el blindaje de los bombarderos, hacerlos más resistentes al fuego enemigo y a los aviones de caza alemanes.

En un principio se asumió que las zonas del avión con mayor número de impactos eran las áreas más frágiles y las que se deberían reforzar.

El ejército solicitó la colaboración de un grupo de expertos matemáticos de la Universidad de Columbia, donde se encontraban figuras tan prominentes como W Allen Wallis, Frederick Mosteller, Jacob Wolfowitz o Leonard Jimmie Savage.

Pero el personaje clave de esta historia fue Abraham Wald (1902-1950), que desarrolló el análisis secuencial. Propuso reforzar las zonas del avión donde no había impactos. Partió de la base de que no había aviones perdidos sin impactos y calculó las probabilidades de ser derribado en función del número de detonaciones recibidas.

Estimó en un 15% la probabilidad de ser derribado por un solo disparo, pero en función de la geografía del avión en la que se producía podía oscilar entre un 2 y un 39%.

En honor a él, se bautizó con su nombre una prueba estadística paramétrica –la prueba de Wald- que sirve para poner a prueba el verdadero valor de un parámetro en base a la estimación de la muestra.

Leer más:

https://www.abc.es/ciencia/abci-matematicas-detras-aviones-aliados-segunda-guerra-mundial-202006210220_noticia.html

El olvidado matemático de Valladolid cuyo trabajo fue decisivo para derrotar a Hitler

Pasaron más de veinte años hasta que salió a la luz la forma en que los aliados habían descubierto el sistema de comunicaciones encriptadas que los nazis utilizaron en la Segunda Guerra Mundial: el código Enigma.

La primera mención fue hecha en 1967 por el militar polaco Władysław Kozaczuk en Battle for Secrets.

Después vinieron otros libros pero no mencionan a Faustino Antonio Camazón, el jefe de los siete matemáticos españoles que conformaban el “Equipo D”, que trabajó junto a Marian Rejewski y Alan Turing.

Su identidad permaneció oculta hasta bien entrado el siglo XXI. Ni siquiera su familia supo hasta veinte años después de su muerte en Jaca (Huesca), en 1982, que su labor de este había sido fundamental para acabar con Hitler.

La primera pista en España de este matemático la comenzó a seguir el profesor de Física de la Universidad de Granada Arturo Quirantes, después de leer el libro Criptografía y Seguridad en Computadores, de Manuel Lucena, en el que se le mencionada brevemente.

Camazón murió sin desvelar su decisiva participación en la Segunda Guerra Mundial. En un reciente entrevista publicada por El Heraldo de Aragón, Luis Ballarín contaba las charlas de niño que tuvo con su tío Faustino, durante sus largas excursiones por el campo, sin darle entonces la importancia que tenía.

El matemático nació en Valladolid en 1901 y estudiado matemáticas en Madrid, donde fue enviado por sus padres. Allí aprendió francés, inglés y alemán y se convirtió en un alumno aventajado para su edad, destacando por su habilidad para los números.

Después, entró en la Policía Criminal de Madrid, se especializó en criptografía y pasó al servicio secreto español para servir durante las guerras coloniales españolas en África, donde aprendió árabe.

Durante la Guerra Civil, se exilió a Francia y fue a parar a un campo de concentración del sur. El oficial Gustave Bertrand fue a buscarlo para que le ayudara a reorganizar el servicio de inteligencia en el puesto de escucha conocido como PC Bruno.

Un equipo formado por quince polacos, nueve franceses y siete españoles descifró numerosos mensajes del Ejército nazi en los que se informaba de importantes operaciones a las que los Aliados podían anticiparse. Los cinco oficiales y los dos policías republicanos, con Camazón a la cabeza, se integraron perfectamente en el equipo de Bertrand, donde Marian Rejewski, Jerzy Różycki y Henryk Zygalski eran los responsables.

Cuando se anunció el fin de la guerra (septiembre de 1945), los servicios secretos de Estados Unidos intentaron reclutarlo, pero se negó, convencido de que Francia se había portado muy bien con él. Por eso aceptó otra oferta en el Deuxième Bureau del Ministerio de Asuntos Exteriores como experto en Latinoamérica y España.

Se jubiló en 1968 y regresó con su mujer a España. Se instaló en Jaca, donde recibe visitas de varios generales que deseaban conocer su experiencia en la Segunda Guerra Mundial. Pero aquella ya era para él viejas historias que no compartiría con facilidad. Allí permaneció tranquilo hasta su muerte el 19 de octubre de 1982.

Leer más:

https://www.abc.es/historia/abci-olvidado-matematico-valladolid-cuyo-trabajo-decisivo-para-derrotar-hitler-201911180042_noticia.html

Más allá de Alan Turing: los matemáticos que combatieron el nazismo

1507887388_277386_1507888217_noticia_normal_recorte1

Durante la Segunda Guerra Mundial muchos matemáticos se integraron en el Ejército Aliado, especialmente en el Reino Unido. El gobierno de Winston Churchill creó grupos de trabajo en centros y laboratorios, dedicados a campos de la ciencia prioritarios para la batalla.

Alan Turing es el más famoso de los matemáticos británicos involucrados en la Segunda Guerra Mundial, pues descifró el código de comunicación secreta de los nazis, sentando las bases del uso de ordenadores para resolver problemas al utilizar una secuencia de pasos lógicos. Su colaboradora Joan Clarke fue una de las pocas mujeres matemáticas que se involucró desde el principio en la guerra.

Más allá de la criptografía, hubo matemáticos dedicados al estudio de material militar. En Kent, Nevill Francis Mott, premio Nobel de Física en 1977, dirigió un grupo en el que estaban Leslie Howarth, dedicado a la mecánica de fluidos, Ian Sneddon y Rodney Hill, especializados en sólidos, y James Hardy Wilkinson, experto en análisis numérico. Allí se estudió el primer misil balístico del mundo (el V-2), construido por los nazis y lanzado por primera vez en 1944.

Después guerra, estos matemáticos regresaron al mundo académico. Rodney Hill comenzó su doctorado en Cambridge en 1946, y lo finalizó dos años después. Publicó dos artículos, uno en 1948 y otro en el 1950, que crean los fundamentos de la llamada teoría de la plasticidad dentro de la termodinámica. Su director de tesis, Egon Orowan, había llegado a Reino Unido en 1937 huyendo de los nazis, y también trabajó al servicio del gobierno inglés durante la guerra. En 1944, sus estudios identificaron la causa de la rotura de los llamados barcos de la libertad (Liberty ships), que eran enviados desde Estados Unidos para abastecer con todo tipo de material a los aliados en Europa.

Otro grupo de investigadores del Reino Unido, bajo la dirección de Patrick Blackett, que sería también Nobel de Física, logró mejoras en el uso de radar aéreo para localizar los submarinos alemanes entre 1942 y 1945. Sus trabajos dieron nacimiento a la investigación operativa, que consiste en el uso de modelos y datos estadísticos para tomar decisiones.

Leer más:

https://elpais.com/elpais/2017/10/13/ciencia/1507887388_277386.html

 

Alan Turing, un matemático en la campiña inglesa

Alan Turing, padre de la ciencia de la computación, usó la mansión de Bletchley Park para descifrar los códigos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.

Bletchley Park acoge hoy el Centro Nacional de la Radio y el Museo Nacional de Computación, pues allí fue diseñada y construida la primera computadora, Colossus, que permitió romper los códigos de la máquina alemana Enigma.

En 2013 se hallaron varios documentos de gran valor histórico ocultos entre las paredes de algunos edificios del complejo; entre ellos, notas utilizadas por Alan Turing para acelerar el proceso descifrado de mensajes.

Fuente:

http://www.elimparcial.com/EdicionEnLinea/Notas/CienciayTecnologia/04112015/1023189-Alan-Turing-un-matematico-en-la-campina-inglesa.html

A %d blogueros les gusta esto: